Café cantante es el nombre que recibieron en España los locales de ocio que complementaban el servicio propio de un café con la puesta en escena de espectáculos populares, bien «frívolos o ligeros», aunque en su mayoría de cante, toque y baile flamenco. Tuvieron especial auge en capitales españolas como Sevilla, Madrid o Barcelona a partir de mediados del siglo xix y fueron relevados a partir de la década de 1960 por los tablaos flamencos. En general, eran salones amplios con servicio de mesa, decorados con espejos, cuadros o carteles costumbristas o taurinos, y un pequeño escenario tablao de madera donde los artistas ofrecían sus espectáculos.